Domingo, 10 de mayo de 2026


Lucas 1:46-48

Y María dijo:

«Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador, porque se ha acordado de la humildad de su sierva. De ahora en adelante, todas las generaciones me llamarán bienaventurada».

Perspectivas bíblicas

En este Día de la Madre, pienso en María, no solo como la madre de Jesús, sino como una joven soltera que dijo «sí» a Dios en medio de una incertidumbre aterradora. En su mundo, un embarazo fuera del matrimonio podía suponer vergüenza, rechazo e incluso peligro. Sin embargo, la primera reacción de María no fue la ansiedad ni la desesperación, sino la adoración.

Su alegría no provenía de unas circunstancias perfectas. Provenía de confiar en el corazón de Dios y de creer que su plan merecía la pena correr el riesgo. María creía que Dios se preocupaba por ella. Esto significa que Dios la valoraba, la honraba y le confiaba sus propósitos. Es un recordatorio de que la atención de Dios no se centra en el estatus ni en los logros humanos. Él ve a los ignorados, a los humildes y a los ocultos, y los llama a participar en su obra.

Ser un discípulo a imagen de Cristo significa confiar en Él incluso cuando el camino no está claro y el precio parece muy alto. Hoy, recordemos: Dios sigue viéndonos, sigue llamándonos y sigue llenando nuestra obediencia de una alegría que el mundo no puede arrebatarnos.

Oración de hoy

Señor, danos el corazón de María: humilde, confiado y dispuesto. En momentos de incertidumbre, haz que elijamos la adoración en lugar del miedo, y la obediencia en lugar de la comodidad. Que nuestras vidas te glorifiquen y que nuestra alegría se base en tu fidelidad inquebrantable.

—Samantha Chambo
Coordinadora Regional de Educación, EE. UU./Canadá, Iglesia del Nazareno


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