Salmo 25:4-5
Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad y enséñame, pues tú eres Dios, mi Salvador, y en ti pongo mi esperanza todo el día.
Perspectivas bíblicas
Vivimos en una época en la que el acceso a contenidos cristianos —sermones, podcasts, devocionales, aplicaciones bíblicas— es mayor que nunca. Somos la generación mejor informada de la historia, pero ese conocimiento no siempre se traduce en una transformación espiritual. ¿Por qué?
Piénsalo: cuando personalizo mi hamburguesa, puedes estar seguro de que incluye pepinillos —crujientes y picantes—: ¡sí, por favor! ¿Pero cebolla cruda? No, gracias. A veces tratamos la verdad espiritual de la misma manera: si se ajusta a nuestras preferencias, la aceptamos; si nos supone un reto, la rechazamos. Nos aferramos al control en lugar de entregarnos por completo a Dios.
En el Salmo 25:4, David nos muestra un camino mejor: «Muéstrame tus caminos, Señor; enséñame tus sendas». La palabra «caminos» se refiere a los designios generales de Dios, con los que muchos de nosotros estamos familiarizados. Pero David va más allá: «Enséñame tus sendas». Anhela ponerlos en práctica en su vida cotidiana.
Es aquí donde a menudo nos quedamos cortos. Sin embargo, esta es la esencia del verdadero discipulado: no solo adquirir conocimientos, sino entregar nuestra voluntad y poner en práctica la suya.
Ahora estoy pensando... ¡quizás debería probar las cebollas!
Oración de hoy
Jesús, al igual que David, anhelo conocer tus caminos y caminar en obediencia y entrega. Haz de mí un verdadero discípulo: humilde y dispuesto a aprender. Guíame en tu verdad y transfórmame cada día por tu gracia.
—Jodi Getson
Pastora principal, Iglesia del Nazareno de Oxford
(Nueva Escocia)
