Ezequiel 36:25-27
Os rociaré con agua pura y quedaréis limpios; os purificaré de todas vuestras impurezas y de todos vuestros ídolos. Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré mi Espíritu en vosotros y haré que sigáis mis mandamientos y cumpláis mis leyes.
Perspectivas bíblicas
Hoy en día, la mayoría de nosotros somos conscientes de la importancia de tener un corazón sano. Recibimos consejos sobre dietas saludables para el corazón, vemos productos alimenticios que anuncian sus beneficios para la salud cardíaca y contamos con profesionales de la salud que promueven ejercicios físicos que fortalecen el corazón y le ayudan a funcionar correctamente. ¡El corazón es fundamental para nuestro bienestar físico y, de hecho, para nuestra propia existencia!
Aún más importante, desde una perspectiva eterna, es el estado de nuestro corazón espiritual. Las Escrituras nos lo recuerdan en numerosos pasajes. Se calcula que la Biblia hace referencia al corazón unas 850 veces, incluidas las menciones del propio Jesús cuando habla del discipulado, la devoción y la santidad.
¿Cómo podemos mantener nuestro corazón espiritual, el centro de nuestras vidas, santo y puro, sano y en buen estado? Mediante la purificación, el lavado y la renovación del Espíritu Santo. No hay otra manera. El pasaje de hoy en Ezequiel nos recuerda que Dios mismo purifica nuestros corazones cuando vivimos en obediencia a él. Pero, afortunadamente, no es solo por nuestros propios esfuerzos; el Espíritu nos ayuda, como lo hace en muchas cosas, permitiéndonos tener corazones limpios, puros y sanos ante el Señor.
Oración de hoy
Por eso, mi oración de hoy es esta: «Cambia mi corazón, oh Señor, lléname de nuevo, purifícame de nuevo, y haz que sea santo y agradable a tus ojos ahora y por siempre».
— Jim
Ritchie, director de Misiones Globales, Iglesia del Nazareno
